No creo en nadie que no crea en nosotros
Rincones,
meandros,
alternativas;
silencios
duros,
palabras frías;
palpar la puerta
escondida:
manosear
la vida.
La muerte,
enemiga,
detrás;
Detrás la brisa
del horizonte,
detrás el hombre,
detrás
el nombre
de alguna rosa:
¿es la esperanza
o es la aurora
o la mañana
o la blanca sombra
de la anochecida?
En la madrugada
sinfonías incandescentes
de tormentas;
el futuro,
la vida,
la mente;
Alternativas
de sueños
imposibles:
de volcanes,
la mirada clara
matinal;
en los espejos
gritos infantiles.
Sucio alimento
de vida;
de habichuelas,
la cena,
la carne,
la piel;
de palabras vacías,
la nada;
de miel
los miedos
y la tierra definitiva.
M. Casais
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